Confieso que hasta hace unos años sabía muy poco de Bernardo Ferrándiz. Entonces estaba embarcada en aventuras museísticas más contemporáneas y su nombre, como el de muchos otros artistas del XIX, se me antojaba lejano, como de otro mundo.
Y entonces comencé a colaborar con el Museo de Málaga. Ligado como está al siglo XIX, me toc bucear en el contexto artístico malagueño en aquel tiempo e, inevitablemente, lo primero que hice fue darme de bruces con la obra de Ferrándiz, pues es su Alegoría de Málaga la que abre el recorrido de la colección de arte atesorada en el Palacio de la Aduana.

Así fue como comencé a acercarme a su obra y, claro está, comencé por lo más sencillo: tirar de Google. Tecleé «Bernardo Ferrándiz» y no sé si algo más. El caso es que aquel día tuve la suerte de que uno de los primeros resultados que arrojó el buscador fue este libro editado en 1935 por la Academia de Bellas Artes de San Telmo para conmemorar el centenario del nacimiento del artista. Abrí el enlace pensando que me llevaría unos minutos y cuál fue mi sorpresa que hasta un par de horas después no me pude despegar de la pantalla. Menudo personajazo había descubierto.
Por aquel relato desfilaban antiguos discípulos, familiares y conocidos de Ferrándiz que describían a un hombre totalmente excepcional, excesivo en todo lo que hacía, exaltado en cada uno de sus sentimientos, tierno y generoso en ocasiones, iracundo en otras: a nadie dejaba indiferente. Se esbozaba así el retrato de un artista esforzado con su obra, pero, sobre todo, de un maestro que amaba profundamente la enseñanza y que supo transmitir a sus alumnos el respeto que merece el ejercicio del arte. Su labor docente alumbró a una extraordinaria generación de pintores, cuya calidad dio fama a Málaga como centro de creación de su tiempo. Denis Belgrano, Moreno Carbonero, Saenz, Nogales o Simonet, fueron algunos de ellos.
Después, con más calma, continué leyendo todo lo que pude encontrar sobre él. Especialmente interesante me resultó esta monografía escrita por Teresa Sauret y editada por Benedito, que puede consultarse (previa cita) en la biblioteca del propio Museo de Málaga:

Más ligera, pero muy bien documentada y muy disfrutable, es la novela de Lola Clavero titulada Un invierno en el paraíso, en la que Ferrándiz y la Málaga de su tiempo son protagonistas. Se lee muy bien y se puede comprar en las librerías de la ciudad o sacar de algunas bibliotecas municipales que cuentan con ejemplares. Esta es su portada:

También me gustó mucho el capítulo ‘Banquete en Barcenillas’, incluido en la crónica de la visita de Alfonso XII a Málaga, que la Biblioteca Virtual de Andalucía pone a disposición de los internautas haciendo click aquí. El capítulo está en la página 173 y describe cómo era la mítica finca al final del Camino Nuevo en la que Ferrándiz tenía su casa-taller y que se convirtió en uno de los ejes de la vida cultural malagueña. Del mismo modo, resulta emocionante el discurso que el maestro dirige a los asistentes al banquete y en el que explica cómo entiende él la enseñanza (página 178).
Y todo esto os lo cuento porque muchos habéis hecho conmigo la visita guiada Ferrándiz. El artista y el maestro en el Museo de Málaga y os ha pasado como a mí, que habéis caído rendidos a los pies del personaje y ahora sentís la necesidad de saber más sobre él. Pues aquí van algunas referencias para empezar. Espero que os gusten y las podamos comentar la próxima vez que nos veamos.
Ana González

Me gusta la descripción que hacéis de vuestras búsquedas y hallazgos; solo con eso lográis interesarme.
¡Muchas gracias!
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Gracias a ti por el comentario, Pepi. Es un gustazo saber que compartimos con vosotros lo que tanto nos hace disfrutar.
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