Santa Marina de Zurbarán

Con frecuencia me asomo a la recoleta sala de maestros antiguos del Museo Carmen Thyssen Málaga y ya desde el umbral de la puerta me encuentro de frente con la mirada directa e interpelante de la joven Santa Marina pintada por Zurbarán a mediados del siglo XVII.

Lo cierto es que la obra se codea con otras también de gran interés, pero me resulta difícil no sentirme atrapada por la presencia de esta mujer a la que parece que interrumpimos en su lectura mientras pasamos caminando ante una puerta, como señalaba el gran especialista en Barroco Emilio Orozco. Esa puerta que se abre entre dos tiempos no es otra que la del marco del propio cuadro que conecta dos realidades: la del espectador y la de la modelo.

Las suaves manos, la delicada piel y, sobre todo, la fijeza casi altiva de su mirada me llevan a preguntarme si realmente la mujer que posa ante nuestros ojos es la santa y mártir de humilde cuna que Francisco de Zurbarán quiso trasladar al lienzo. La descripción que hace de ella ataviada como una pastora -camisa de muselina, sayuelo negro, saya medianera roja y saya cimera verde de gruesa y pesada lana, portando en su brazo una alforja de telar- resulta, como dirían los portugueses, una dessintonia.

La explicación nos la ofrece de nuevo Emilio Orozco, quien entiende que Zurbarán realizó, no sólo esta obra, sino toda su serie de santas y mártires como retratos a lo divino de jóvenes aristócratas sevillanas que gustaron de inmortalizarse de esta manera. Es decir, en estas obras de Zurbarán no rige la intención de hacer un cuadro religioso, sino retratos de damas con atributos de santas en los que se expresa lo fugaz de la belleza mundana frente a la eternidad de los valores religiosos y morales, de acuerdo también con la espiritualidad contrarreformista de la época.

Y todo ello lo hace el artista cargando su pintura con grandes dosis de realidad, esa realidad severa y a veces adusta a la que tendía el barroco español, que nos provoca la palpable sensación de estar compartiendo el mismo espacio que la dama retratada, el mismo aire. La palpable sensación de la tosca y pesada lana de la sobre falda verde, de las hojas de pergamino en la que hunde sus dedos al detener la lectura.

Rocío González

Puedes encontrar más información sobre esta obra y observarla en detalle en la web del Museo, a través de la fantástica aplicación de súper zoom ‘Second Canvas‘. Imágenes © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

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