Detrás de la cortina: Félix Nadar

Pissarro, Monet, Cezanne, Renoir, Sisley, Morrisot, Guillaumen, Bracquemond… Con facilidad se nos vienen a la mente estos nombres cuando evocamos al grupo de pintores que provocó la primera revolución artística de la modernidad y que el ácido crítico Louis Leroy llamó despectivamente impresionistas, perpetuándolos indeleblemente, muy a su pesar, en la historia del arte.

Sin embargo, a menudo olvidamos a una figura que -a mi modo de ver- tuvo un peso específico en la génesis de aquel grupo. Me refiero a Gaspard Felix Tournachon, conocido por todos como Nadar, quien por aquel entonces, en la primavera de 1874, era el fotógrafo más famoso de París .

De personalidad extrovertida, afable e inquieta, a veces exaltada, Nadar fue mucho más que el fotógrafo de moda entre la burguesía, la bohemia y la intelectualidad parisina. Médico de formación, periodista, caricaturista, novelista y aventurero, sería el primero en tomar una fotografía aérea de París y de su esqueleto, subiéndose a un globo para lo primero e iluminando con magnesio las canalizaciones para lo segundo.

Su gran amigo Julio Verne lo incluyó en su novela De la Tierra a la Luna bajo el nombre de Michel Ardan. Otros muchos, como Alejandro Dumas, Victor Hugo, Charles Baudelaire, Giuseppe Verdi o la mismísima Sarah Bernhardt, posaron para él y cultivaron su amistad.

Curioso por naturaleza y abierto a las nuevas tendencias artísticas, Nadar ofreció su estudio fotográfico en el Boulevard des Capucines para la celebración de la primera exposición impresionista, pero creo que su influencia fue algo más allá de este hecho. El fotógrafo solía celebrar en su estudio tertulias a las que asistía cualquier artista o intelectual que se preciara de ello y tuviera inquietudes, por lo que es muy posible que en una de estas reuniones le oyeran contar cómo la fotografía había sido en sus manos el instrumento para expresar el sentimiento de la luz, la apreciación artística de los efectos producidos por los días diversos y cambiantes.

Allí debió ser también donde se discutieran largamente las teorías de Eugène Chevreul, el conocido químico que desarrolló la teoría sobre el contraste simultáneo de los colores, que tan determinante fue para los impresionistas. Chevreul había posado para Nadar para una de sus famosas foto-interviús, en las que, mientras realizaba las preguntas, captaba con su cámara cada uno de sus gestos y cambios posturales para extraer así la esencia de su personalidad.

En el estudio de Nadar gran parte de los impresionistas pudieron palpar y estudiar de cerca las fotografías, así como descubrir las ventajas que podría proporcionarles a su arte. Muchos las utilizaron para apoyarse en la ejecución de sus cuadros, al adoptar sus encuadres, al tratar las mismas escenas cotidianas, al apreciar el granulado de las fotos o al reproducir su capacidad de registrar el instante.

Por todo ello, Nadar Le Grand, bien merece un respetuoso recuerdo.

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