Picasso en las Bibliotecas

Cuando Picasso pintó este cuadro debía estar pasando la peor época de su vida. Álvaro, 10 años, sobre Guernica.

Sus caras son máscaras porque no les gusta lo que están haciendo: enseñar su cuerpo. Laura, 8 años, sobre Las señoritas de Aviñón.

Parece que les están obligando a hacer algo que no quieren. Raúl, 8 años, sobre Las señoritas de Aviñón.

Es emocionante, a la vez que impactante, comprobar cómo los niños son capaces de ver en una obra lo que a los adultos a veces se nos escapa. Esto fue lo que sucedió en los talleres La mirada de Picasso, que realizamos dentro del programa Picasso en las Bibliotecas 2018, que lleva a cabo la Fundación Picasso-Museo Casa Natal dentro de las celebraciones del Octubre Picassiano.

Los talleres estuvieron destinados a alumnos de entre 8 y 12 años de los colegios cercanos a las diferentes bibliotecas en las que los realizamos. El objetivo fue acercar a estos niños a la vida de Pablo Picasso y explicarles por qué este malagueño se convirtió en el gran artista de su tiempo, así como dar a conocer la labor que la Casa Natal realiza en la difusión de su obra.

Comenzábamos la actividad con una parte explicativa en la que, a partir de paneles con imágenes, hablábamos de cómo fue la infancia de Picasso en Málaga, su familia y sus primeros cuadros para, a continuación, ir comprobando cómo, poco a poco, su obra había ido encontrando nuevos modos de expresar la realidad de lo que sus ojos percibían y, lo más importe, transmitir las emociones que le inspiraba.

Tras esta aproximación a su vida, venía un sencillo ejercicio en el que mostrábamos a los niños diferentes imágenes de pinturas, entre las que se encontraban Las señoritas de Aviñón, Guernica y Retrato de Marie-Thérèse. Con cada cuadro, las mismas preguntas: «¿Qué está pasando aquí? ¿Qué sientes cuando miras esta imagen?». El resultado fueron frases como las que abren este post, afinadas y certeras, pronunciadas por niños que poco o nada sabían del trasfondo artístico e histórico de estas obras.

El ejercicio también nos sirvió para algo que para nosotras es muy importante, tanto con los niños como con el público adulto, y es hacer ver que, independientemente de nuestra edad y conocimiento previo, todos somos perfectamente capaces de interpretar una obra de arte.

Y es que cuando nos encontramos ante una obra tan potente como la de Picasso, no hace falta más que ver, como él mismo decía. «Eso es lo que es difícil; vemos a veces, raramente. Miramos sin ver«, aseguraba el maestro.

La segunda parte del taller, más práctica, consistía en dar color a una máscara muy especial, que nos recordaba todo lo aprendido previamente y en la que los niños podían dar rienda suelta a su creatividad. La idea de la máscara enlazaba además con dos aspectos que se trabajaron en el diálogo con los niños; de un lado nos hace centrarnos en la acción de mirar, de otro, entronca con las máscaras africanas que inspiraron a Picasso Las señoritas de Avignon.

En total, cerca de 400 de 12 colegios niños pasaron por La mirada de Picasso. Si disfrutaron la experiencia la mitad de lo que lo hicimos nosotras, podemos asegurar que fue un éxito total…

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