Picasso mano sobre mano
Muchos han sido los proyectos en los que hemos trabajado a lo largo de estos años, pero quizá este fue el que para mí supuso el mayor reto. Picasso mano sobre mano se llevó a cabo en diciembre de 2016 impulsado por Rosa Mº López, de la Fundación Picasso Museo Casa Natal, quien me propuso hacer un proyecto para personas sordociegas en colaboración con la ONCE y APASCIDE (Asociación de Padres de Sordociegos de España). Nunca había tenido que elaborar un proyecto ni trabajar con personas que tenían estas características, pero acepté porque intuí que iba a aprender mucho.
Cuando me senté a pensar cómo podría hacerles llegar la vida y la obra de Pablo Ruiz Picasso, cómo explicarles la narrativa de la exposición permanente del museo a personas que no pueden ver ni oír, fue cuando realmente tomé conciencia de que tenía que abordar este proyecto desde otra perspectiva. No desde la mía, la de quien ofrece y enseña, sino desde la suya, lo que reciben y perciben.

Así que decidí centrarme en lo que quieren y pueden hacer, que es mucho. Pensé entonces en lo que a Picasso le sirvió como vía de expresión y a ellos como canal de percepción: sus manos. Él se quejaba de que sus manos eran pequeñas, como de mujer, y sin embargo le sirvieron para expresar todo su mundo interior. De modo que ese fue mi hilo conductor para elaborar este ciclo de talleres de un mes de duración y cuatro sesiones semanales.
Tuve la suerte de contar en este proyecto con el apoyo de unos compañeros maravillosos. Natalia Bueno y Nerea Capacete de la ONCE; Silvia Luque –monitora y ayudante especialista en lenguaje de signos- así como Virginia, Laura, Arantxa y Nacho, acompañantes de las personas sordociegas que participaron. ¡Cuánto aprendí de vosotros!
El objetivo, puesto que estábamos en la Casa Natal del artista, era dar a conocer su vida y su obra centrándonos sobre todo en su periodo malagueño y formar un grupo cohesionado que se sintiera a gusto. El primer paso fue hacer las presentaciones; conocernos todos y conocer a Picasso. Mediante el reconocimiento táctil y el diálogo a través del lenguaje de signos apoyado, nos pusimos enseguida al día de quiénes éramos, nuestros gustos, aficiones y profesiones.

Pero, ¿y Picasso? ¿Cómo era? ¿Era alto o bajo? ¿Gordo o flaco? Para ayudar a los participantes a forjarse una idea del físico de Picasso nos apoyamos en una fotografía siluetada de tamaño natural del artista –ello les permitía percibir su altura y corpulencia física- así como en una serie de textos y explicaciones que yo iba haciendo a la vez que tanto Silvia como el resto de mediadores iban traduciendo al lenguaje de signos apoyado (se llama apoyado porque los signos se van habiendo sobre la palma de la mano).

El siguiente paso fue diseñar una visita al espacio expositivo del museo. Tanto Rosa como yo tuvimos claro que había que hacer una serie de adaptaciones, no solo en el aula didáctica, donde habitualmente tienen lugar las actividades de la Fundación, sino también en las salas del museo para que el contenido les pudiera llegar sin dificultad y de manera adecuada.
Había que solicitar los permisos pertinentes y el visto bueno del equipo de conservación para hacer una visita adaptada a las necesidades de este grupo, y todos se volcaron con nuestra idea (¡¡gracias Elisa Quiles!!). Haríamos una visita táctil y ella nos orientó sobre qué objetos de sala podrían tocar para percibir sus formas y tamaños. Aquellos que no eran susceptibles de manipular se sustituyeron por réplicas y termoimpresiones de imágenes y fotografías que la ONCE nos proporcionó, así como textos en Braille que sirvieron de apoyo.
¡¡No sabéis que emocionante fue!! Todo captaba su atención: las piezas del despacho, las del taller, los marcos de los cuadros, las telas, las puertas… A la vez que comentaban y preguntaban sin parar. No recuerdo un grupo tan dinámico como éste.

Pero aquello no había hecho más que empezar. Las tres sesiones siguientes estuvieron centradas en profundizar en la vida de Picasso y conocer distintas técnicas plásticas relacionadas con él. Así, fuimos trabajando con materiales de manipulación sencilla que se adaptaban a las necesidades del grupo, desde el modelado al ensamblaje pasando por el recortable, jugando con diversas texturas: la de la plastilina, la arena, la madera, el plástico… Me impresionó la combinación de formas y colores; algunos habían ido perdiendo la visión paulatinamente pero otros nacieron ya ciegos. ¿Cómo podían tener esa idea del color? ¿Cómo hacían para armonizar las formas? Sin duda su percepción del mundo es especial y asombrosa. Y así la transmitieron.

Durante las tres sesiones del trabajo del taller, se generó un ambiente estupendo donde todos participamos e interactuamos con todos: monitores, mediadores, responsables de la ONCE… Fue muy divertido y estimulante. Tal como había previsto, aprendí muchísimo. De la ONCE y APASCIDE, que trabajan sin cesar por abrir puertas. De mi compañera Silvia, su alegría permanente. Y de los acompañantes/mediadores a cómo se puede ser la voz y la luz de estas personas maravillosas.
