Arteterapia para Personas con Trastorno Mental Grave

Picasso ventana abierta

Desde su comienzo, Picasso ventana abierta fue un proyecto muy querido y buscado. Esto es lo que se suele decir de un hijo y, de alguna manera, así lo fue para todo el equipo técnico que trabajamos en él. La idea la pusieron en marcha Rosa Mª López del Departamento de Didáctica de la Fundación Picasso Museo Casa Natal, y Paco Durán del Área de Salud Mental del Hospital Regional de Málaga. Yo tuve la inmensa suerte de ser invitada a participar desde la gestación del proyecto como educadora y colaboradora de la Casa Natal.

Ya en las sesiones previas de preparación, tuvimos claro que íbamos trabajar con personas diferentes, con una sensibilidad y situación especial, y que nuestro objetivo sería sacarlos del ámbito hospitalario y ofrecerles un nuevo espacio que les ayudara a avanzar en su recuperación. Contribuir así a su inserción y normalización, mostrarles los museos como lugares cercanos, abiertos y acogedores donde relacionarse con otras personas. Sencillamente eso.

Inicialmente se inscribieron diez personas de las que completaron el proyecto siete. Todas con Trastorno Mental Grave. Cada caso diferente, cada persona un mundo.

Durante todo un trimestre trabajamos en las instalaciones de la Fundación Picasso Málaga puesto que Pablo Ruiz Picasso era el hilo conductor del proyecto, haciendo también actividades con los museos participantes: Centre Pompidou Málaga y Museo Ruso Málaga. A lo largo de catorce sesiones, los participantes fueron indagando en la vida y la obra del artista malagueño a la vez que reflexionaban sobre sus propias vidas, sentimientos, relaciones e ilusiones. También buscábamos forjar la idea de grupo.

Ensamblaje, lightpainting, visitas a exposiciones, paseos culturales por la ciudad… Dentro del programa ideamos toda una serie de actividades plásticas, culturales y sociales con las que abrirles una ventana para contemplar su vida y sus capacidades desde una nueva perspectiva ajena a la enfermedad.

Consideramos que era muy importante que a lo largo de las catorce sesiones los participantes fueran tomando contacto con distintas técnicas artísticas. A partir de estas, realizarían una obra propia cuyo proceso creativo se perfiló más como instrumento de trabajo que como finalidad en sí misma.

Todo fue rodado desde el minuto uno, porque a los participantes les gustó mucho la propuesta, aunque, como decía antes, cada caso es diferente y cada persona un mundo. Si bien había quien parecía llevar aceptablemente la enfermedad, muchos se sentían excluidos e incomprendidos; mientras algunos recibían el apoyo familiar, otros habían sido rechazados hasta el punto de haber estado años viviendo en la calle y portaban a sus espaldas desgarradoras historias con la consecuencia -entre otras muchas cosas- de una autoestima bajo mínimos y el no soportar el contacto humano.

Por eso supimos que, además de la parte técnica, el aspecto emocional iba a ser determinante en la marcha del proyecto. Por estos motivos cordialidad, afecto y cariño a borbotones fue la tónica desde el primer día.

A medida que avanzaron las sesiones, los participantes fueron bajando barreras y abriéndose cada vez más, no sólo con nosotros, sino también entre ellos. Comentábamos los cuadros, paseábamos por las calles como amigos y se visitaban unos a otros para ver las obras que cada quien hacía. El grupo se cohesionó hasta el punto que a mediados de curso más de uno se despedía los viernes con un “¡hasta la semana que viene, familia!”

Aunque la medicación de estas personas les hace necesitar el uso del baño con cierta frecuencia y, frecuentemente, el consumo de tabaco, estas circunstancias fueron cambiando sesión a sesión y, para sorpresa de todos, esas pequeñas interrupciones se fueron reduciendo e incluso llegaron a desaparecer en las dos horas que duraba cada taller. La sonrisa forzada de alguno se tornó en carcajada espontánea, los temblores de otros desaparecieron y la autoestima de casi todos fue en aumento.

Todo ello evidenciaba el interés del grupo por la actividad y que su nivel de ansiedad bajaba de manera significativa en el transcurso de las sesiones. El día de la exposición de las obras fue la guinda final. Todos nos volcamos para que saliera lo mejor posible, la Fundación Casa Natal hizo un montaje espectacular como si de un grupo de artistas famosos se tratase: prensa, inauguración con catering, invitaciones…

Cuando el proyecto acabó y nos sentamos en grupo a hacer una valoración final, todos expresaron su pena porque Picasso ventana abierta terminara. “¡Ojalá en vez de tres meses durara nueve!” y, sin excepciones, los participantes manifestaron haberse sentido acogidos, respetados, considerados y queridos. Como en familia.

Los besos y los abrazos ese último día fueron largos y apretados, incluso por parte de aquellos que empezaron el curso rechazando todo contacto. ¿No es eso el mejor de los éxitos para un proyecto?

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